Todos me llaman “la Chinaâ€, aunque no tenga los ojos rasgados. Será por mi talla menuda. Nos conocimos hace cinco años, en mitad de la Sansil. Aquel dÃa desde el principio, instauramos una relación demasiado arriesgada. Mi pasiva rutina, se vio completamente catapultada en el torbellino de un apasionante viaje. Por desgracia, mi presencia, terminó por desquiciarte. Me abandonaste gritando:¡Me estás matando! Por mi culpa, estabas totalmente lacerado y terminaste derrotado; asà que, te deshiciste de mÃ. Hoy, volvemos a encontrarnos, pero, aunque la planta de tu pie, tiene todavÃa la profunda cicatriz provocada por màhace un lustro; esta vez, hemos sido complementarios, nuestra relación ha funcionado a la perfección. A pesar de llevar una “Chinaâ€Â como lastre, no te lastimé, permanecà fielmente junto a ti hasta la victoria. Ya lo dice el refrán: el corredor es el único deportista, que tropieza dos veces con la misma “Chinaâ€.